domingo, 2 de junio de 2013

Un amor de toque a toque

Recuerdo aquel día, ella con el pelo recogido y una vincha de puntos azules grandes, que le tapaba la mitad de la amplia frente que tenía y dejaba resaltaba sus hermosos ojos oscuros con pestañas vistosas. También recuerdo que  tenía un vaso con un par de hielos y Guinda, que apretaba su hermosa mano de dedos largos llenos de anillos. Hablaba sin cesar con aquel joven de pelo castaño, buen mozo él, no más que yo, tampoco más que usted.  Fue un flechazo, como dirían ahora. La fiesta comenzó a las diez y yo sabía que terminaría siete horas después. Sabía que nunca la volvería a ver, ya que yo era nuevo ahí y mi único propósito era tomarla del cuello y darle un beso, tal vez duradero. Eso sí, no supe ver. Recuerdo que la gente empezó a beber, tomaban con precaución, ya que eran épocas de conflicto en el Perú. Estábamos en una reunión en San Miguel, yo vivía en Surco y no recuerdo bien como llegué. Pero ya que estaba ahí, debía esperar a que sean más o menos las seis, para poder regresar a mi casa sano y salvo.  
Después de prenderme un Premier, decidí acercarme para sacarla a bailar y no perder más tiempo, ya que sentía que las horas volaban y yo no hacía nada, más que pensar en la hora,  en cómo me regresaría o en observar lo bonita que era esa mujer, que ni su nombre sabía. Pero lo podía suponer. Ella estaba sola por fin, fumaba lo mismo que yo, miraba a su alrededor y de la nada me aparecí.
“¿Esperas que sean las seis para poder regresar a tu casa?”. No. Respondió y me esquivó la conversación con un poco de humo en la cara. Miró al piso, tiró el cigarrillo, lo aplastó y volteo a verme. “Me llamo Cristina, si eso es lo que querías saber y sí, si puedo bailar contigo”.  Me cogió de la mano desprevenido y me llevó a la pista de baile. Me quedé medio desorbitado con lo acontecido, ya que las mujeres son un poco más sumisas, pero ella sabía lo que yo que yo quería y ella sabía lo que ella quería. Nunca me había pasado algo igual, pero me encantó, hasta puedo decir que me enamoré de ella esa misma noche, la quería cuidar toda mi vida y despertar con ella dormitando en mi pecho.
La música se puso un poco más rápida y ella me empezó a preguntar las cosas básicas, que se suelen preguntar cuando recién se conoce uno con alguien en una fiesta. La conversación no tenía fin, la Guinda no se acababa y ella me volvía más loco. Eran casi las seis cuando me dijo, “no te daré mi dirección, ni mi teléfono, ya tú sabrás donde me podrás encontrar.  Me quedé pensando, la miré, me miró, la música se apagó, los dos miramos alrededor, algunos dormían, otros se besaban y los demás ni se inmutaban con la próxima reacción. Fuimos afuera, y nos besamos sin control. Pero han pasado 20 años y hasta ahora no la logro encontrar. Pero nunca me enamoré de alguien así de igual.


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